Publicado en Textos alumnos

Un duro despertar


Mientras caminamos en la oscuridad por el camino de tierra con nuestras espaldas vuelta hacia la ciudad, yo no podía sentir que estabámos invadiendo un barrio que no nos pertenecemos. No habían farolas ni señales y el único ruido que se podía oír en la noche callada eran los sonidos de perros ladrando en el aire frío de diciembre. Cuando llegamos a una casa -o una cueva más bien- situado en el parte más arriba del barrio de Cerro de San Miguel podíamos ver una vista panorámica con la Alhambra a la izquierda hasta la iglesia del Salvador  a la derecha y las titilantes luces de la Navidad en el medio.  

Granada desde el barrio Cerro del San Miguel

Nuestra clase de doce estudiantes y un profesor presentamos uno por uno en una terraza pintoresco llena con plantas y jaulas con gallinas y pavos dormidos. Encima de nuestras cabezas vides secados y una linterna colgaban de un tejado exterior. Una mujer se apareció y nos dió una bienvenida a su casa y nos pidió si queríamos algo para beber. A todos nos pareció extraño y nos mirábamos uno al otro, vacilantes esperando para alguien responderle. Ella nos sugirió cerveza e inmediatamente respondimos con gestos deseosos. Los estudiantes americanos no están acostumbrados a beber cerveza con tanta indiferencia y mucho menos con su profesor. La mujer desapareció dentro de la casa y rápidamente regresó con las cervezas y un plato de tapas. Nosotros estábamos bebiendo cerveza y comiendo tapas de pan, jamón y queso.

Estábamos un poco confundidos porque no entendimos si estábamos en una casa o un bar, o quizás una mezcla entre los dos. La mujer, la novia del dueño de la casa nos explicó que no es un bar- es una casa donde los vecinos de Cerro de San Miguel pueden venir para beber, fumar y tapear en vez de hacer una excursión a la ciudad. Con esto, comenzó nuestro comprensión de lo que es la vida de un residente de las cuevas de Sacromonte.

Pero, esa mañana el barrio de Sacromonte no era tan tranquila ni tan callada como era en ese momento. Cerca de las 8.30 de la mañana, la policía apareció en las entradas de algunas casas presentando documentos de desahucios. Esta misma mañana las excavadoras, aparecieron en una de las plazas principales de Sacromonte. Un duro despertar, ciertamente. El barrio de Sacromonte se considera una zona protegida por UNESCO. Pero, el ayuntamiento de Granada presentó los documentos de desahucios a casas que no están seguras. Pero, no es una coincidencia que en este momento el ayuntamiento esté en el proceso de planificación un hotel y complejo de apartamentos que estaría situado en el Sacromonte.

Ser extranjero, entiendo el atractivo de ser capaz de ver Granada desde el punto de vistas más preciosas de toda la ciudad. Sino como un estudiante que estudiaba aquí durante tres meses, y como alguien quien estaba sentado en la casa de una residente de Sacromonte, que significaría mucho más de un plan de negocio lucrativo para aumentar el sector turística en Granada y Andalucía. Cientos de residentes serían desplazadas de sus hogares y un complejo destruiría uno de los barrios más antiguas de Granada que es una de las mayores fuentes de cultura en la ciudad.

Tuvimos la oportunidad de hablar con otros residentes del Sacromonte, que estaban en la misma casa como nosotros, bebiendo, fumando y disfrutando la compañía de otro. Mientras hablábamos con los vecinos, el hombre de la casa no quería hablar y se sentó en silencio mientras estaba fumando su porro, viendo la televisión. Aunque pequeño el interior de la cueva-casa es humilde, práctico y tiene un sentido de la personalidad, con sus paredes blancas, azulejos de colores y pequeños pájaros que estaban piando a sus visitantes. Las estanterías de libros se alineaban con los libros, el arte y unos doce frascos de hierba.

Cuando preguntamos que había pasado esa mañana, uno de los vecinos dijo, “No hay nada claro. No quieren decir claro lo que hay,” en referencia al ayuntamiento. Nada es seguro a partir de ahora. Los habitantes de Sacromonte aún no entiendo muy bien lo que está pasando, pero ellos entienden que ellos están en peligro de ser expulsados ​​de sus casas. “Tenemos una vida tranquila y va a cambiar todo….” Ellos parecían que no querían pensar en esta situación- la posibilidad de no tener una casa o viviendo a lado de un hotel, lo que significaría perder su vida tranquila que se aman y se enorgullecen.

Sarah Moritz

Autor:

Docente de español en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada

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